Hay sagas que parecen tener una cita ineludible con el calendario, y pocas representan mejor esa costumbre que Call of Duty. Cada año llega una nueva entrega, con la difícil tarea de mantener el interés de millones de jugadores y, de paso, justificar su presencia en una franquicia que lleva casi dos décadas acompañándonos. Sin embargo, no siempre basta con añadir mapas, armas y modos para conseguirlo. Después de algunos lanzamientos que dejaron sensaciones bastante irregulares, Call of Duty: Modern Warfare 4 supone una vuelta a las raíces que muchos aficionados llevaban tiempo esperando.
Infinity Ward vuelve a ponerse al frente de la saga y lo hace con una propuesta que apuesta por recuperar aquello que mejor ha funcionado históricamente: tiroteos contundentes, movimientos más tradicionales, escenarios diseñados para favorecer los enfrentamientos y una campaña con entidad propia. A todo ello se suma una renovación de DMZ que amplía considerablemente las posibilidades del conjunto y que termina convirtiéndose en uno de sus mayores atractivos.
No estamos ante una revolución que pretenda cambiar las reglas del género, sino ante una entrega que parece tener muy claro qué quiere ofrecer. Y, en esta ocasión, esa decisión juega claramente a su favor.
Una campaña que vuelve a dar importancia a la historia
Durante los últimos años, las campañas de Call of Duty han quedado en ocasiones relegadas a un segundo plano frente al multijugador. Por eso resulta especialmente agradable comprobar que Modern Warfare 4 recupera la ambición narrativa de las mejores entregas de la franquicia. La historia continúa los acontecimientos de Modern Warfare 3 y plantea un conflicto de grandes dimensiones que sirve para cerrar buena parte de las tramas que han acompañado a esta etapa de la saga.
La acción arranca con la invasión de Corea del Norte a Corea del Sur. En medio del conflicto conoceremos a Park, un joven soldado surcoreano que se ve obligado a afrontar una situación que supera cualquier preparación militar. Su historia se alterna con la de John Price, que atraviesa un momento especialmente complicado después de los acontecimientos anteriores y debe actuar al margen de quienes fueron sus antiguos aliados.
Esta estructura permite alternar dos perspectivas bastante diferentes. Por un lado, tenemos las operaciones militares a gran escala, con soldados que intentan sobrevivir en mitad de una ofensiva que amenaza con descontrolarse. Por otro, acompañamos a Price en una trama más personal, marcada por las persecuciones, las infiltraciones y los ajustes de cuentas.
Uno de los mayores aciertos está en la incorporación de nuevos personajes que consiguen aportar frescura a una historia protagonizada habitualmente por caras conocidas. Park y sus compañeros funcionan especialmente bien gracias a sus relaciones, sus conversaciones y los pequeños momentos de complicidad que aparecen entre tanto enfrentamiento. No todo consiste en salvar el mundo: también hay espacio para conocer a quienes están poniendo su vida en juego.
En el apartado jugable, Infinity Ward recupera el espectáculo cinematográfico que siempre ha caracterizado a la serie. Hay asaltos multitudinarios, operaciones con vehículos, combates en escenarios urbanos y secuencias que parecen sacadas directamente de una superproducción de Hollywood. Todo está acompañado por un apartado audiovisual sobresaliente, con especial atención al sonido de las armas, las explosiones y la ambientación de los escenarios.
También encontramos algunas misiones que se alejan de la estructura más lineal. Una de las más destacadas nos deja aislados tras las líneas enemigas y nos permite explorar un amplio escenario nevado, completar objetivos en el orden que queramos y conseguir recursos para mejorar nuestro equipamiento. Es una propuesta que introduce cierta libertad sin convertir la campaña en un mundo abierto convencional.
Esta variedad ayuda a mantener el ritmo durante sus aproximadamente siete horas de duración. Hay momentos para avanzar sin descanso y otros en los que conviene observar el entorno, buscar suministros o planificar cómo abordar una situación. El resultado es una campaña bastante equilibrada que recupera el protagonismo que merece dentro del paquete.
Un gunplay que vuelve a ser protagonista
Si hay algo que define a Modern Warfare 4, tanto en su campaña como en los modos online, es la sensación de disparo. Infinity Ward vuelve a demostrar que conoce perfectamente cómo debe responder un arma en pantalla. Cada fusil tiene su propio comportamiento, sonido y retroceso, mientras que las animaciones de recarga y el peso de los disparos contribuyen a que los enfrentamientos resulten especialmente satisfactorios.
También se ha optado por una movilidad más contenida, dejando atrás algunas de las mecánicas más espectaculares de las últimas entregas. No encontramos movimientos exagerados ni desplazamientos imposibles, sino un sistema más reconocible que permite correr, deslizarse y aprovechar las coberturas sin que la acción pierda naturalidad.
Esta decisión beneficia especialmente al ritmo de los enfrentamientos. El resultado es un Call of Duty más centrado en la puntería, el posicionamiento y el control del escenario, sin renunciar a esa velocidad que siempre ha sido una de sus principales señas de identidad.
El arsenal también recibe bastante atención. Las armas cuentan con distintas posibilidades de personalización mediante Gunsmith y, como novedad, incorporan los accesorios Apex, unas mejoras especiales que permiten modificar considerablemente su comportamiento. Algunas transforman por completo la manera de utilizar determinados fusiles, ofreciendo motivos adicionales para seguir desbloqueando contenido y experimentando con distintas configuraciones.
La variedad de armamento, unida a la buena respuesta de los controles, hace que probar nuevas combinaciones resulte especialmente entretenido. Es uno de esos apartados en los que se nota el trabajo de Infinity Ward y que consigue mantener el interés incluso después de muchas horas de juego.

Un multijugador clásico, pero con suficientes novedades
El multijugador sigue siendo el gran punto de encuentro de la comunidad y, como era de esperar, Modern Warfare 4 dedica buena parte de sus esfuerzos a recuperar las sensaciones de los títulos más queridos. La apuesta es bastante clara: partidas rápidas, enfrentamientos constantes y mapas que favorecen el contacto entre equipos.
Los modos habituales vuelven a estar presentes, con Duelo por equipos, Dominio, Baja confirmada y Punto caliente, entre otras opciones. Son propuestas conocidas, pero siguen funcionando estupendamente cuando el sistema de disparo acompaña, y aquí tenemos una base jugable que invita a encadenar partidas casi sin darnos cuenta.
La principal diferencia respecto a algunas entregas recientes está en la movilidad. Se acabaron los movimientos excesivamente acrobáticos y las mecánicas que convertían determinados enfrentamientos en auténticos espectáculos de parkour. Ahora importa más saber cuándo avanzar, aprovechar una cobertura y controlar las distancias. Es una filosofía que recupera la identidad tradicional de la franquicia y que resulta especialmente satisfactoria para quienes echaban de menos un planteamiento más directo.
Entre las novedades encontramos varios modos que intentan aportar personalidad al conjunto. Frontline introduce una variante de Duelo por equipos con puntos de aparición fijos y protección temporal al reaparecer, mientras que Collateral apuesta por enfrentamientos tácticos en los que debemos colocar o desactivar una bomba, con un sistema de economía y compra de equipamiento entre rondas.
También merece una mención especial Kill Block, un escenario de entrenamiento militar que cambia su distribución durante las partidas. Sus diferentes secciones pueden adoptar configuraciones distintas, lo que obliga a adaptarse continuamente y evita que los enfrentamientos resulten demasiado previsibles. Su combinación con Tiroteo, especialmente en las partidas 10 contra 10, ofrece algunos de los momentos más entretenidos del multijugador.
Por supuesto, tampoco faltan las modalidades de mayor escala, como Guerra terrestre, que amplía los enfrentamientos hasta los 24 jugadores por equipo e incorpora vehículos y objetivos que debemos controlar.
El apartado de mapas cumple con su cometido, aunque no todos consiguen destacar por igual. Algunos escenarios funcionan especialmente bien gracias a sus recorridos y posibilidades de combate, mientras que otros resultan algo más convencionales. También hay ciertos aspectos mejorables en los puntos de reaparición, que en ocasiones pueden provocar situaciones algo incómodas.
Aun así, el multijugador ofrece una base muy sólida y recupera unas sensaciones que parecían haberse diluido entre tantos experimentos. Puede que no todos sus modos alcancen el mismo nivel de acierto, pero la variedad disponible y la calidad de los tiroteos hacen que sea fácil encontrar una modalidad a la que dedicarle unas cuantas horas.

DMZ, la gran sorpresa de esta entrega
Si la campaña recupera el protagonismo y el multijugador vuelve a sus orígenes, DMZ es probablemente el apartado que más consigue ampliar la experiencia. Infinity Ward ha dado forma a un extraction shooter mucho más completo, con sistemas de progresión, misiones, exploración y enfrentamientos contra otros jugadores que consiguen darle una identidad propia.
La acción se desarrolla en Hajin, un extenso escenario urbano rodeado de zonas exteriores que podemos recorrer mientras buscamos recursos, cumplimos encargos y tratamos de regresar con todo lo que hemos conseguido. La idea es sencilla: entrar, explorar, completar objetivos y salir con vida. Sin embargo, cada incursión puede terminar convirtiéndose en una pequeña aventura llena de imprevistos.
La ciudad está repleta de edificios, instalaciones y lugares que merece la pena investigar. Podemos encontrar materiales para fabricar equipamiento, descubrir llaves que permiten acceder a zonas restringidas o enfrentarnos a enemigos especialmente peligrosos que protegen recompensas de gran valor. Además, las condiciones meteorológicas dinámicas aportan variedad a las partidas y contribuyen a que el escenario transmita una mayor sensación de actividad.
Uno de los grandes aciertos de esta modalidad es que la progresión está planteada para que siempre tengamos algún motivo para volver a entrar. Los recursos obtenidos permiten desbloquear mejoras para nuestra base, fabricar nuevos objetos y desarrollar características permanentes para nuestro operador. Incluso cuando una incursión termina mal, buena parte del progreso conseguido permanece, evitando que una derrota se convierta automáticamente en una pérdida de tiempo.
Esto no significa que podamos jugar sin preocupaciones. Encontrar un objeto especialmente valioso o reunir los materiales necesarios para una mejora importante genera esa tensión tan característica del género. Siempre existe la posibilidad de cruzarnos con otro equipo o encontrarnos en una situación complicada frente a los enemigos controlados por la inteligencia artificial.

También contamos con diferentes misiones y acontecimientos repartidos por el escenario. Las operaciones dinámicas permiten descubrir nuevos objetivos durante las partidas, mientras que las misiones narrativas ofrecen desafíos más elaborados y situaciones específicas. Algunas incluso plantean pequeños escenarios de acción que recuerdan a las operaciones cooperativas clásicas de la franquicia.
La gestión del inventario también resulta bastante cómoda. El sistema automatiza determinadas tareas relacionadas con la munición y los recursos, reduciendo parte de las acciones repetitivas que suelen acompañar a los juegos de extracción. Así podemos dedicar más tiempo a explorar, combatir y tomar decisiones.
Por supuesto, DMZ no es una experiencia exclusiva para quienes llevan años disfrutando del género. Su progresión más permisiva y sus diferentes ayudas facilitan la entrada a jugadores menos acostumbrados a este tipo de propuestas, aunque conserva suficiente tensión como para mantenernos pendientes de lo que ocurre a nuestro alrededor.
En definitiva, Infinity Ward ha conseguido que esta modalidad tenga entidad suficiente para funcionar casi como un juego independiente. Hajin ofrece un escenario enorme, lleno de posibilidades y secretos, mientras que sus sistemas de progresión consiguen que cada incursión tenga un propósito. Es, sin duda, uno de los grandes motivos para seguir jugando cuando hayamos terminado la campaña.

Una entrega que recupera el rumbo
Call of Duty: Modern Warfare 4 es una de esas entregas que consiguen recordarnos por qué la franquicia se convirtió en uno de los grandes referentes de los juegos de acción. Infinity Ward ha apostado por recuperar una fórmula reconocible, mejorar sus principales apartados y ofrecer una experiencia que no dependa exclusivamente de introducir mecánicas llamativas para justificar su lanzamiento.
La campaña vuelve a tener peso, con una historia interesante, personajes que funcionan y secuencias de acción que mantienen el espectáculo habitual de la serie. El multijugador recupera una movilidad más tradicional y ofrece tiroteos muy satisfactorios, mientras que DMZ amplía considerablemente las posibilidades del conjunto con una propuesta de extracción que tiene suficiente personalidad para mantenernos enganchados durante mucho tiempo.
No todo es perfecto, por supuesto. Algunos mapas multijugador podrían ofrecer más personalidad, determinados puntos de reaparición necesitan ajustes y hay modos que funcionan mejor que otros. También existen pequeños momentos de la campaña en los que ciertas situaciones pueden resultar algo menos fluidas. Sin embargo, son aspectos que no empañan el buen resultado general.
Lo más importante es que Modern Warfare 4 vuelve a transmitir esa sensación de estar ante un Call of Duty que sabe perfectamente lo que quiere ser. No necesita reinventar constantemente sus mecánicas ni perseguir todas las tendencias del género. Le basta con ofrecer buenos tiroteos, una campaña entretenida y suficientes alternativas para que cada jugador encuentre su manera de disfrutarlo.
Disponible en PC, PlayStation 5, Xbox Series X y Nintendo Switch 2, esta nueva entrega supone un regreso especialmente satisfactorio para quienes echaban de menos el enfoque clásico de la franquicia. Si Infinity Ward pretendía recuperar la confianza de los aficionados después de algunos años de resultados irregulares, el trabajo está más que conseguido.
En definitiva, Call of Duty: Modern Warfare 4 es una de las entregas más completas y recomendables de los últimos años. Una campaña que vuelve a importar, un multijugador que recupera las buenas sensaciones y un DMZ que termina siendo mucho más que un simple añadido. Puede que no estemos ante una revolución, pero sí ante uno de esos Call of Duty que apetece jugar, disfrutar y, sobre todo, seguir jugando cuando termina la partida.