El género de los roguelite autoshooters (o bullet heaven, como se ha popularizado tras el fenómeno de Vampire Survivors) sigue expandiéndose a un ritmo frenético. La última adición en sumarse a la fiebre de Steam es Arms of God, un título que se lanzó el pasado 8 de junio y que llega con una propuesta muy clara: combinar las mecánicas de supervivencia contra oleadas con una estética gore inspirada en Doom, una banda sonora repleta de metal industrial y una jugabilidad sumamente satisfactoria.
Detrás de este proyecto se encuentra un único desarrollador independiente, lo que hace aún más encomiable el gran acabado técnico y el adictivo bucle jugable que ofrece desde el primer minuto. Tras machacar el mando durante varias horas, os contamos nuestras primeras impresiones de este acceso anticipado.
La fórmula conocida, pero con un giro táctico
A grandes rasgos, Arms of God respeta el ADN del género: entras a un mapa, destruyes oleadas de cientos de enemigos en pantalla de forma automática y recoges recursos para mejorar a tu personaje. Sin embargo, introduce un par de mecánicas propias que le aportan frescura y personalidad:
- Mapas de tamaño reducido: A diferencia de otros títulos donde los escenarios parecen infinitos, aquí los mapas son bastante acotados.
- La Gran Cruz Central: En el centro del escenario se erige una cruz mística que podemos ir mejorando durante la partida para que nos otorgue diferentes bonificaciones pasivas.
- Gestión por rondas: La partida no es una supervivencia continua. El juego se estructura en rondas con tiempo limitado. No es hasta que el cronómetro llega a cero y limpias la pantalla cuando pasas a la fase de tienda para gastar los recursos acumulados en nuevas armas y ventajas.
Un detalle de diseño excelente y muy de agradecer es el sistema de guardado. Cada partida consta de 15 rondas que culminan con un exigente enfrentamiento contra un jefe final. Si en algún momento la sesión se te hace cuesta arriba o necesitas parar, el juego te permite salir y retomar la partida exactamente en la ronda donde la dejaste, una característica de calidad de vida que inexplicablemente brilla por su ausencia en muchos competidores del género.
El arte de la destrucción: Sinergias y combinaciones locas
El verdadero núcleo de diversión en Arms of God radica en su arsenal. El protagonista puede empuñar hasta cinco armas a la vez. La magia ocurre cuando empezamos a fusionarlas, subirles el nivel y añadirles modificadores de efectos.
El juego te permite crear builds auténticamente destructivas e indestructibles. En un abrir y cerrar de ojos, puedes convertir un arma estándar en un festival de múltiples proyectiles, rebotes en las paredes y explosiones en cadena que tiñen la pantalla de vísceras y luces de colores sin que el rendimiento del juego se resienta. El gunplay (o la sensación de combate) se siente pesado, rítmico y sumamente gratificante.
Progresión metajuego: Reconstruyendo el pueblo
¿Qué pasa cuando morimos o logramos completar las 15 rondas? Toda la experiencia y recursos obtenidos se trasladan al menú principal, el cual se presenta en forma de un pueblo en ruinas que debemos ir reconstruyendo.
A medida que levantamos nuevos edificios y mejoramos el asentamiento, desbloquearemos:
- Nuevas mejoras pasivas permanentes (vida, daño, velocidad).
- Nuevas armas para añadir a la reserva de las partidas.
- Diferentes héroes jugables, cada uno con sus propias estadísticas.
Todo este metajuego es indispensable para prepararnos para los siguientes niveles de dificultad. Actualmente, el juego se ha lanzado en Early Access con varios capítulos y distintos niveles de desafío, pero su creador ya ha confirmado que tiene una hoja de ruta con ideas muy atractivas para expandir la progresión, los desafíos y el arsenal en los próximos meses.
Los puntos flacos: Espacio para la mejora
Como todo acceso anticipado, Arms of God no es perfecto. Su principal problema actual reside en el diseño de los escenarios. Al ser mapas tan pequeños, terminan sintiéndose un tanto sosos y planos visualmente. Aunque el desarrollador ha introducido algunos pequeños eventos dinámicos o interruptores que se pueden activar a mitad de la ronda, en general la interacción con el entorno es escasa: estás ahí para aguantar la oleada, y poco más. Un poco más de variedad ambiental o elementos interactivos le vendrían de perlas.
Conclusión: ¿Vale la pena?
Arms of God probablemente no sea el survival más revolucionario del mercado, ni busca reinventar la rueda. Sin embargo, lo que hace, lo hace de forma impecable. Su mezcla de gráficos vistosos y oscuros, un rendimiento técnico sólido, música metalera cañera y, sobre todo, el aliciente de mezclar armas para crear combinaciones ridículamente poderosas, hacen que sea una experiencia sumamente entretenida y adictiva.
Si os gusta el género y buscáis una alternativa con una estética más macarra y enfocada a la acción directa por rondas, este proyecto unipersonal merece totalmente una oportunidad en vuestra biblioteca de Steam.



