Hay una idea que resume muy bien lo que hace especial a Wardogs: no hace falta ser bueno disparando para sentirse útil. En un género que suele premiar por encima de todo las bajas y la habilidad con las armas, el juego de Bulkhead apuesta por algo diferente: ofrecer multitud de formas de contribuir al equipo y, sobre todo, conseguir que todas ellas resulten divertidas.
Puedes lanzarte al frente con un fusil, pero también puedes dedicarte a marcar enemigos, curar compañeros, transportar suministros, construir defensas, pilotar un helicóptero o reforzar una base. Y lo mejor es que ninguna de estas tareas da la sensación de ser simplemente un trámite para llegar a la acción. Son parte de la acción.

Un FPS para todo tipo de jugadores
Una de las cosas que más me ha gustado de Wardogs es precisamente esa libertad. No tienes que ser el jugador con más bajas de la partida para sentir que estás haciendo algo importante.
Puedes pasar buena parte de una partida construyendo una posición defensiva para tu equipo y, de repente, acabar manejando un mortero desde esa misma base. También puedes equiparte como médico y dedicarte a mantener con vida a tus compañeros, o convertirte en un observador que marca enemigos para que otros jugadores se encarguen de ellos.
Esto hace que Wardogs resulte especialmente interesante para quienes no suelen jugar a FPS. Si apuntar y disparar no es lo tuyo, el juego tiene alternativas. Y si sí disfrutas del combate, tampoco te faltan opciones.
El manejo de las armas es bastante accesible, pero mantiene una sensación de peso y cada accesorio puede modificar su comportamiento. No estamos ante un shooter completamente arcade, pero tampoco ante una experiencia que exija dominar una cantidad interminable de sistemas antes de poder disfrutarla.
El resultado queda en un punto intermedio muy atractivo: tiene elementos de un milsim, pero no resulta tan inaccesible como algunos de los exponentes más exigentes del género.

El trabajo en equipo tiene recompensa
Wardogs también consigue que colaborar con otros jugadores tenga un peso real. La partida gira alrededor del control de una zona, pero llegar hasta ella y mantenerla requiere mucho más que correr hacia el objetivo y disparar.
Hay que construir bases, levantar defensas, transportar suministros y utilizar vehículos para desplazar a los compañeros. Incluso las acciones más pequeñas pueden marcar diferencias.
Además, el sistema económico añade una capa muy interesante. Las acciones útiles generan dinero que después podemos utilizar para comprar armas, equipamiento y otros recursos. Incluso podemos emplearlo para ofrecer una recompensa a otro jugador que nos reanime.
Es una mecánica tan sencilla como efectiva, porque genera situaciones que difícilmente encontraríamos en otro FPS. Caer abatido no tiene por qué significar simplemente reaparecer y volver corriendo al frente: puede convertirse en un pequeño problema que tus propios compañeros tienen que solucionar.
Y cuando funciona, las partidas generan momentos muy divertidos y, sobre todo, bastante imprevisibles.

Una partida puede convertirse en cualquier cosa
Creo que aquí está una de las mayores virtudes de Wardogs. Aunque el objetivo general está perfectamente definido, la manera de llegar hasta él puede cambiar completamente de una partida a otra.
Una vez puedes estar avanzando con tu escuadra hacia la zona caliente mientras intercambias disparos con el enemigo. En otra, quizá estés levantando una fortificación. Después puedes terminar pilotando un helicóptero para transportar jugadores al frente o utilizando un mortero desde una posición segura.
Incluso puedes acabar siendo ese compañero que no consigue ninguna baja pero que está constantemente ayudando al resto del equipo.
Y eso hace que las partidas tengan mucha personalidad. No todo depende de quién dispara más rápido. Hay espacio para la improvisación, la comunicación y esas pequeñas historias que surgen espontáneamente cuando un grupo de jugadores empieza a coordinarse.

La libertad también puede ser un problema
Esa libertad tiene, eso sí, una contrapartida. Wardogs no utiliza un sistema de clases tradicional y permite que cada jugador compre las herramientas que quiera. Es fantástico para experimentar y jugar como te apetezca, pero también puede provocar que un equipo carezca de determinadas herramientas importantes.
Lo mismo sucede con la economía. El equipamiento más avanzado cuesta dinero y eso puede hacer que algunos jugadores sean demasiado conservadores para no perder sus recursos. Durante las partidas también pueden aparecer estrategias demasiado efectivas que hagan que todo el mundo termine jugando de la misma manera.
Es algo especialmente importante en un juego de estas características. La gracia de Wardogs está precisamente en que existen muchas maneras de jugar, así que mantener ese equilibrio será fundamental durante su acceso anticipado.
Por ahora, sin embargo, la sensación es que hay una base muy sólida sobre la que construir.

Un FPS que entiende que jugar en equipo también puede ser divertido
Después de jugar a Wardogs, una de las cosas que más se quedan conmigo es que no siento que el juego me obligue a jugar de una determinada manera.
Si quiero combatir, puedo hacerlo. Si quiero apoyar, también. Si prefiero construir una base y reforzarla, tengo herramientas para ello. Y si simplemente quiero conducir suministros de un punto a otro, también puedo contribuir.
Eso consigue que el juego sea mucho más accesible de lo que podría parecer a primera vista. No necesitas tener una puntería espectacular ni conocer todos los entresijos de los FPS tácticos para encontrar tu sitio.
Y, al mismo tiempo, hay suficiente profundidad para que los jugadores más experimentados tengan espacio para especializarse y sacar partido a todas sus posibilidades.

Ahí está el verdadero atractivo de Wardogs. No intenta demostrar que un FPS tiene que ser más difícil, más realista o más complejo que los demás. Simplemente plantea que una guerra virtual puede ser divertida incluso cuando no eres tú quien está apretando el gatillo.
Por eso me parece una propuesta especialmente refrescante dentro del género. Wardogs todavía tiene margen para crecer y tendrá que encontrar el equilibrio adecuado entre sus sistemas, pero la base es muy prometedora. Si consigue mantener esa variedad y evitar que una estrategia concreta termine imponiéndose sobre todas las demás, puede tener un futuro realmente interesante.
Porque, al final, en Wardogs disparar es solo una de las muchas cosas que puedes hacer. Y precisamente por eso funciona tan bien.