CloverPit – Review: el roguelite de tragaperras que te atrapa… hasta que te suelta

CloverPit – Review: el roguelite de tragaperras que te atrapa… hasta que te suelta

En el mundo posterior a Balatro, todo parece susceptible de convertirse en un roguelike. Mahjong, buscaminas, incluso máquinas de feria: la fiebre del “una run más” está en todas partes. CloverPit toma esa tendencia y la traduce en algo tan evidente como arriesgado: una tragaperras como núcleo jugable, con un envoltorio de horror mugriento, sátira y una atmósfera opresiva que mezcla el lo-fi retro con sensaciones de prisión (o directamente de infierno). La idea funciona… durante bastante tiempo. La pregunta es: ¿lo suficiente como para ser un imprescindible del género?

Una tragaperras en el infierno, con objetivos y fecha límite

La premisa es tan simple como cruel: estás encerrado en una habitación sucia y decadente con un único plan de escape aparente—cumplir una deuda. Para ello, debes alcanzar una cantidad de dinero antes del “deadline”, y dispones de tres rondas para lograrlo. Si fallas, el suelo se abre bajo tus pies y caes en la oscuridad. Si ganas, el siguiente objetivo sube. Y así, una y otra vez.

La habitación no es solo decorado: hay un teléfono, un ATM, una tienda de charms, cajones que se desbloquean con el progreso y objetos inquietantes que convierten el espacio en parte del misterio. El resultado es un “casino” que no busca seducirte con luces, sino incomodarte con sangre seca, texturas sucias y un tono entre lo macabro y lo sarcástico. CloverPit no es alegre: es deliberadamente asfixiante, y esa tensión es una de sus mejores armas.

De la impotencia al control: la magia de las sinergias

Las primeras partidas pueden ser frustrantes. CloverPit apuesta por un enfoque opaco, con pocos tutoriales y una interfaz mínima. Muchas mecánicas y conceptos (patrones, chain ranking, modificadores…) no se explican con claridad, y es fácil ignorar opciones potentes simplemente porque no entiendes qué hacen. En un juego donde cada decisión importa, esa falta de pedagogía puede hacer que el arranque sea más torpe de lo que debería.

Pero si aguantas, el juego se abre. CloverPit es, en el fondo, un título de construcción de sinergias: compras charms con tickets y vas moldeando la máquina a tu favor. Algunos aumentan las probabilidades de ciertos símbolos, otros dan spins extra, otros mejoran el valor de resultados concretos (por ejemplo, convertir limones en oro), y otros potencian tu suerte en momentos específicos. Aquí está la clave: ganar no depende solo de tu suerte personal, sino de cómo construyes un sistema que “rompa” la máquina.

El juego brilla cuando empiezas a detectar esas rutas:

  • builds de jackpot subiendo la suerte hasta un umbral que garantiza el premio gordo,
  • estrategias de interés depositando dinero en el ATM para ganar más entre rondas,
  • configuraciones centradas en símbolos comunes (limones, cerezas) para pagos constantes,
  • o combinaciones más raras que solo funcionan con perks específicos o una cadena concreta de objetos.

Cuando todo encaja, CloverPit es puro placer de roguelite: ver la máquina caer exactamente donde la has diseñado genera una satisfacción muy similar a la de Balatro cuando un combo se dispara.

La trampa del propio diseño: ¿profundidad infinita o “ya lo he visto”?

Y aquí CloverPit se divide en opiniones. Por un lado, hay quien lo ve como un roguelike inteligentísimo, con una cantidad enorme de charms desbloqueables y estrategias todavía por descubrir, y con un gancho casi hipnótico: el sonido, el ritmo y la tensión de esperar a que se detengan los rodillos.

Por otro, hay quien siente que el juego se queda corto. No porque no tenga sistemas, sino por cómo se comportan. En lugar de perder por la aleatoriedad pura de los rodillos (que acaba siendo una ilusión), muchas runs pueden depender de la aleatoriedad del “metajuego”: qué charms aparecen, qué bonificaciones ofrece el teléfono, qué sinergias te permite el azar. A medida que desbloqueas más objetos, el “pool” se diluye y cuesta más pescar lo que necesitas, lo que puede hacer que la búsqueda de una build concreta se convierta en repetición.

Además, por muy bien que funcione el bucle, CloverPit no deja de ser lo que es: una tragaperras. Para algunos, esa limitación se nota pronto: tras menos de diez horas, ya pueden sentir que han entendido las estrategias principales y que el juego no les pide mucho más. Para otros, la obsesión por optimizar, experimentar y desbloquear convierte esa simplicidad en virtud.

Horror, humor negro y capitalismo en forma de palanca

Donde hay consenso es en la personalidad. CloverPit tiene un tono que recuerda a Inscryption o Pony Island por su aura satánica y sus insinuaciones narrativas: un misterio que parece invitarte a buscar secretos, a liberar la habitación, a tirar de hilos. Pero cuidado con las expectativas: aunque hay elementos narrativos, pistas y múltiples finales, no todos quedarán satisfechos con el payoff. La sensación puede ser más de “grindeo” que de revelación.

Aun así, la puesta en escena es potente: el contraste entre la brillante alegría falsa de la tragaperras y la suciedad del entorno funciona, y el diseño sonoro refuerza la incomodidad con silencios largos y golpes de sonido muy calculados. También hay un enfoque claro en evitar el marco del juego como simulador de apuestas real: se presenta como una experiencia de horror y escape, y el propio discurso alrededor del juego gira hacia la crítica y la sátira (de la deuda, de la adicción, del sistema).

Lo mejor

  • Atmósfera impecable: lo-fi retro, mugre, humor negro y un tono opresivo muy bien construido.
  • Sinergias satisfactorias: cuando “rompes” el sistema, se siente brillante.
  • Diseño de bucle claro y efectivo: objetivos crecientes, decisiones entre rondas, tensión constante.
  • Mucho contenido desbloqueable: charms y opciones que amplían el abanico de builds.

Lo peor

  • Arranque demasiado opaco: conceptos y mecánicas importantes se explican poco o nada.
  • Dependencia del azar externo a la máquina: el RNG de charms/perks puede decidir runs.
  • Profundidad discutible a largo plazo: para algunos, la fórmula se agota antes de lo esperado.
  • Repetición inherente al concepto: si no conectas con el ritual de la tragaperras, el juego se vuelve rutina.

Veredicto

CloverPit es una de esas rarezas que solo podrían funcionar en 2025: un roguelite de tragaperras que mezcla sátira, horror y optimización con un estilo visual y sonoro muy marcado. Tiene momentos de auténtico genio cuando te permite manipular el azar hasta hacerlo tuyo, y su atmósfera es tan potente que casi puedes oler la humedad de la habitación.

Pero también es un juego con una contradicción inevitable: quiere ser adictivo, pero parte de su identidad es recordarte que esa adicción es una trampa. Para algunos, esa tensión lo convierte en una experiencia memorable y rejugable durante años. Para otros, tras unas cuantas runs ganadoras, la máquina deja de tener secretos suficientes como para justificar seguir tirando de la palanca.

En cualquier caso, si te atraen los roguelites de sinergias, el horror sucio y los juegos que convierten un sistema cotidiano en algo perverso, CloverPit merece tu tiempo. Solo que, como en cualquier tragaperras, conviene saber cuándo levantarse.

Puntuación: 7/10

Soy un apasionado de los MMORPG. He jugado a casi todos los que han visto la luz. Al final, cambié muchas de las horas de vicio por compartir noticias y contenidos sobre este mundillo.

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