Día 8 de los Doce días de Firefall

Día 8 de los Doce días de Firefall, una iniciativa de Red 5 Estudios para dar a conocer más un poco de la historia de fondo de Firefall.

Las Guerras del Crystite:
La siguiente entrada es una declaración del comandante de la flota de la Unión Europea, Arestes Nostromo, habla sobre su experiencia como piloto de F85 Remora durante las guerras del crystite. Fue captado por un reportero al final de las estas.
Aris Holden – Historiador

Recuerdo parte de mi infancia en Atenas, antes del Firefall. Sin embargo esos recuerdos no son más que destellos. Recuerdo a mi padre. La recuerdo a ella, recogiéndome del Partenón, el Templo de Hefesto, el Monte Lycabettus. Ella quería mostrarme las grandes obras de mis antepasados. Recuerdo el Estadio Olímpico donde mi padre solía llevarme a ver los viejos partidos de fútbol.

Mi familia vivió durante incontables generaciones en Atenas. Así que estoy seguro que usted podrá hacerse una idea de lo trágico que fue para mí y mi padre el hecho de estar en Londres cuando empezó el Firefall. Y con la guerra de reunificación de Grecia por Iván [«Iván» era el insulto que usaban las fuerzas de UE durante las guerras del crystite para dirigirse a las tropas rusas], se puede imaginar cómo nos sentíamos mi padre y yo, sabiendo que nunca podríamos volver a casa con nuestra familia.
Creo que fue en esa época cuando empecé mi cruzada contra Iván. A partir de ese momento comencé contar los días hasta mi décimo octavo cumpleaños. Tan pronto como pude, quise alistarme en el ejército de la UE para tal vez un día liberar a Grecia.

Por supuesto, esa oportunidad se produjo durante las guerras del crystite. En la batalla de Atenas.
En ese momento yo era un “bomb-chasers” a bordo del «E.U.S. Morningsar». Los bomb-chasers» eran como los antiguos pilotos de “spitfire” que escoltaban a los bombarderos en el siglo XX. La única diferencia es que nosotros escoltábamos una bomba sin sentido y lo estábamos haciendo a un par de miles de nudos y en picado. Fue una caída de diez mil kilómetros desde la órbita contra el duro suelo.
En Atenas estaba volando en el interior de un F-85 Remora. Era una pequeña pero acogedora máquina de combate de dos plazas que poseía un escudo térmico reforzado y una torreta secundaria. Mi artillero fue Ulmer McTish, un irlandés que era capaz de dispararle a los pies a un gato doméstico, un buen tipo para tenerlo al lado.

La bomba que estábamos escoltando se dirigía directamente a una batería de misiles de Iván justo en el centro de Atenas y nuestro trabajo era abatir cualquier misil o nave antes de que se acercara al bombardero. Fuimos la primera oleada, de no hacer nuestro trabajo derribando la batería de misiles, los marines que tenían que colocar la bomba hubieran muerto antes de poder ensuciarse sus botas.
El Morningstar ya estaba bajo fuego cuando fuimos lanzados desde nuestra bahía. A partir de ese momento, se trataba de una carrera de diez mil millas hasta la atmósfera, y nuestro camino estaba lleno de naves y misiles. Ulmer hizo su trabajo manteniéndoles a raya, y yo tuve la ocasión de encargarme de unos cuantos por mí mismo. Nuestro piloto de flanco, un tipo llamado Briggs, fue mejor que nosotros dos juntos.

Llegamos a la inmersión a ciegas con la bomba aun con su descenso en curso. La inmersión a ciegas es ese punto cuando chocas contra la atmosfera en el que el plasma que envuelve tu nave es tan deslumbrador que no puedes ver nada. Sin embargo, el caos empezó cuando pasamos ese punto.

Nos encontramos bajo el fuego de las defensas antiaéreas, Valkyrias Pav-90, antimisiles e incluso algunas minas voladoras. En ese momento nos quedaba como un minuto de persecución, pero parecía parte de una hora. Esparcíamos nuestros disparos como si fuese la liquidación final de una tienda. Ulmer vigilaba los laterales por si se acercaban proyectiles, mientars que Briggs y yo nos preocupábamos de abrir un camino delante de nosotros.

Cuando la bomba estaba suficientemente cerca, me alejé de la bomba qué estaba a punto de alcanzar los 10G’s . Llamé por radio a Ulmer para verificarlo. Pero…
[Nostromo parece visiblemente molesto con ese aspecto].

Después de que la bomba fuese entregada, ya que por lo general esto ocurre en medio del territorio enemigo, el trabajo de los “bomb-chasers” se convirtió en hacer el mayor daño posible antes de hacer otra carrera hacia el espacio. Nuestro jefe de escuadra dijo: “Si todavía tenéis munición, todavía tenéis un trabajo que hacer ”.

Así que Ulmer y yo nos separamos del combate contra las Valkyrias de Iván.
Hemos encontrado buenos combates. Derribé a cuatro Ivanes ese día, casi como el loco de Ace. Ulmer derribó muchos más. La batalla de Atenas fue algo fuera de este mundo. Me recordó a la historia antigua, la Furia de Titanes. Fue realmente una escena apocalíptica.

Cuando nos quedamos sin munición, giré en dirección al punto de recogida. La ruta que escogimos nos llevó a través del Partenón. Quería verlo, después de todos esos años, ya sabes. Mientras lo cruzábamos, todo lo que vi fueron desechos. Una Valkiria Iván se estrelló justo en el.

Es difícil de saber, pero algunas veces me atrevía a pensar que era una de las Valkirias a las que me había enfrentado hoy.

Estoy seguro de que sabéis que la batalla de Atenas finalizo con la liberación de Grecia.
Más o menos un año después, cuando tuve oportunidad de irme, regrese a Atenas para volver a ver la ciudad.

Pero de todos los sitios que visite con mis padres, lo único que quedaba era el monte Lycabettus. Todo lo demás había sido destruido durante su liberación. Después de unos días, me fui y volví pronto a mi deber.

Ya no era el hogar que yo recordaba, hasta hoy, aun no he vuelto.
-¿Alguna vez te volviste a reunir con tu madre y la familia?
En ese viaje, volví a la casa donde crecí.

[Nostromo dejo de hablar]

Fuente | http://www.firefall.es/foro/showthread.php?p=376

Soy un apasionado de los MMORPG. He jugado a casi todos los que han visto la luz. Al final, cambié muchas de las horas de vicio por compartir noticias y contenidos sobre este mundillo.

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